Según la Academia Portuguesa de Letras, "CARALHO" (Carajo) es la palabra con que se denominaba a la pequeña cesta que se encontraba en lo alto de los mástiles de las carabelas (navíos antiguos) y desde donde los vigías dominaban el horizonte en busca de señales de tierra.

El CARAJO, dada su situación, en una área de mucha inestabilidad (en lo alto del mástil), era donde se manifestaba con mayor intensidad el rolamiento o movimento lateral de un barco.

También, era considerado un lugar de castigo para aquellos marineros que cometían alguna infracción a bordo.

El castigado era enviado para cumplir horas y hasta días enteros en el CARAJO y cuando bajaba quedaba tan mareado que el efecto producido duraba un par de días.

De ahí surgió la expresión:

"MANDAR AL CARAJO"

Los Tepichines describen en su peculiar estilo la experiencia de un vigía en el CARAJO.


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